REFLEXIÓN SOBRE LA RESPONSABILIDAD ELECTORAL

La política es el instrumento que debe servir al ser humano para organizarse en sociedad y, como cada cuatro años, nos encontramos ante la responsabilidad de elegir a aquellos que han de poner su esfuerzo y tiempo a disposición del mundo que entre todos queramos construir.

Cada vez resulta más complicado sentir la participación política como un deber, sin decir ya como una necesidad que nos obligue a plantearnos cuáles deben ser las piedras angulares de nuestra vida en común y, lo que es aún más importante, cómo plasmarlas en iniciativas políticas concretas que nos lleven a constituir un modelo de sociedad justo.

Quizá el que se aproxima sea uno de lo momentos políticos más intensos e importante de los últimos años, en el que ya no se cuestionan solo los métodos y aspectos prácticos de la política, sino también las bases de un sistema económico, político y social que optó por relegar a la persona, sus derechos y libertades tan luchados y sudados por muchos, incluso las responsabilidades personales implícitas en esos mismos derechos, a un segundo plano por detrás del enriquecimiento y el poder. En los tiempos del pillaje, del individualismo, de la rentabilidad, de la desmoralización de la vida y de la impunidad de los actos se ha abierto, gracias a los que militamos en la realidad desde hace tiempo, un espacio para la conciencia social, para pensar en el prójimo, para trabajar en común… que, si bien aun no convence a todos y supone una amenaza para los privilegios de unos pocos, hace de este el momento propicio para el debate ético que lleva tantos años siendo necesario en la política local y global. Hacer política es responsabilidad de todos, pero no es posible articular iniciativas transformadoras reales sin personas que, desde las instituciones, adopten el compromiso de velar por que estas se pongan en práctica respetando el carisma del que partieron, sin truncar los objetivos comunes para alcanzar los propios.

En este sentido, es hora de reclamar a nuestros gobernantes futuros, que iniciarán próximamente sus legislaturas, que ejerzan la política desde el servicio a los que han depositado su confianza, miedos e ilusiones en ellos y también a los que no lo han hecho por ser afines a otras alternativas políticas; que dejen de ver electores y siglas donde hay personas y que no se use más la profesionalización política para el enriquecimiento y éxito personal sino para la búsqueda de soluciones a los problemas que, como sociedad, debemos afrontar; que no mientan ni usen sus programas electorales como marketing político sin pensar en ponerlos en práctica; que nos respeten y no sean paternalistas, evitando decidir por nosotros cuestiones que puedan someter a consulta popular a través de las herramientas habilitadas para ello; que sepan admitir sus errores y retirarse con honestidad cuando estos les superen o su legitimidad y la de su proyecto sea puesta en cuestión por aquellos a quienes gobiernan; que no muestren interés por las necesidades humanas solo en campañas electorales; que pisen la realidad y las calles y no toleren que exista quien viva bajo el umbral de pobreza, sin acceso a la salud aunque no haya nacido dentro de nuestras fronteras, quien no pueda acceder a una vivienda digna o tenga que humillarse aceptando contratos extenuantes y mal remunerados; que sean políticos que apuesten por la cultura y la información libre que multiplique el número de mentes inquietas capaces de transformar, especialmente las de los jóvenes, que deben tener oportunidades para desarrollarse y no ser más esa generación sin futuro a la que las políticas económicas están condenando; que persigan el fraude fiscal recordándonos que un estado social solo funciona con la aportación de todos, especialmente de aquellos que más tienen, porque el valor de la persona no es proporcional a su esfuerzo ni a sus ganancias sino que es un valor absoluto per sé llamado dignidad humana y, por ende, nadie supone una carga. En definitiva, que entiendan que llegar a gobernar no es el objetivo en sí mismo sino el comienzo del camino.

Así, el equipo de pastoral social del Arciprestazgo de Gijón, no suficientemente acostumbrado a llevar a cabo una labor de denuncia social como exigiría nuestro carácter, queremos hacer público este análisis en un intento de reavivar nuestra presencia social y hacer un llamamiento al resto de cristianos de las parroquias de Gijón a reflexionar sobre las cuestiones planteadas en el documento “Iglesia, servidora de los pobres”, redactado por nuestros obispos y apenas mencionado en los principales medios de comunicación por no suponer objeto de revuelo o sensacionalismo ni haber sido difundido con el mismo énfasis que otras declaraciones por sus redactores en la Conferencia Episcopal Española. Es nuestro deber conocerlo y hacerlo público por ser éste un reflejo de los pasos que se van dando en la cuestión social eclesial, así como lo es salir a las calles para participar de forma activa en nuestro entorno y contribuir a esta nueva era.

Equipo de Pastoral Social del Arciprestazgo de Gijón                                                                                                    

Mayo 2015